Capítulo 4: Campaña marítima
Para asegurar la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata (actual Argentina) y Chile, era necesario eliminar el principal foco realista en Sudamérica. En un inicio, tres expediciones militares terrestres fueron enviadas desde Buenos Aires al Alto Perú, pero resultaron en sendos fracasos. Eso convenció al Ejército Libertador de la necesidad de organizar una campaña marítima. Para ello, el gobierno de O'Higgins adquirió algunos buques y contrató los servicios de un destacado marino británico, lord Thomas Cochrane, quien abrió el camino para el inicio de operaciones en el territorio peruano.
"Paisanos: Llego en el momento de calmar temores, cumplir los mejores deseos, cumplir mis promesas y asegurar, para la América inquieta, los resultados que el mundo entero, en expectativa, tiene derecho a gozar: la revolución y la libertad del Perú."
— Proclama a los habitantes del Perú, s/f. Archivo Fondo Reservado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Reproducción fotográfica.
Primera expedición (1819):
El 16 de enero de 1819, durante la primera expedición, la escuadra a mando de Cochrane se encargaría de difundir la prédica independentista desde Supe hasta Paita, hostilizando a la escuadra realista y apoderándose de valiosos tesoros que habían sido embarcados para España.
Segunda expedición (1819):
El 12 de septiembre de 1819, la escuadra también dirigida por Cochrane logró bloquear el puerto del Callao, que era el más importante del Perú en esa época. Esto ayudó a debilitar a los españoles en el mar y a cortar su comunicación por barco. Aunque la captura de la fragata Esmeralda ocurrió después, el 5 de noviembre de 1820, Cochrane ya venía preparando esta acción con ataques y vigilancia constantes.
La Esmeralda era uno de los barcos más poderosos de los realistas, y su captura fue un gran triunfo para los patriotas. Gracias a este éxito y al control del mar que lograron, el camino quedó libre para que José de San Martín pudiera llegar con su ejército al Perú, iniciando así la campaña para lograr su independencia.
El 20 de agosto de 1820, luego de ser nombrado en Chile Generalísimo del Ejército Libertador, lo que generó un cierto recelo en Cochrane, quien anhelaba dicho título; San Martín saldría de Valparaíso rumbo a Pisco (bahía de Paracas) con 4 mil hombres, entre argentinos y chilenos. San Martín desembarcó o el 8 de septiembre y estableciendo en dicho lugar su primer cuartel general. La finalidad de la expedición era desembarcar cerca de Lima, establecer una cabeza de playa segura y realizar una rápida incursión militar que aislara a la capital y permitiera enfrentar de manera separada al ejército realista.
Desembarco estratégico en Paracas
El 6 de septiembre de 1820, el general José de San Martín, líder del Ejército Libertador del Perú, escribió un informe en el que contaba lo siguiente: ese día vieron la costa de Nasca, y al día siguiente, el 7 de septiembre al mediodía, los barcos entraron por el canal de San Gallán hasta la bahía de Paracas, que está a unos 15 km al sur de Pisco. A las 6 de la tarde ya estaban anclados allí. San Martín dio la orden para que todo el ejército se preparara para desembarcar el día siguiente.
Así, el 8 de septiembre de 1820, día que San Martín llamó "el primero de la libertad del Perú", el Ejército Libertador desembarcó, trayendo la esperanza de una nueva República que los peruanos tendrían que construir.
La llegada de la expedición, el desembarco y la ocupación de Pisco y zonas cercanas tomaron por sorpresa al virrey Joaquín de la Pezuela. Aunque sabía que se estaba preparando una expedición libertadora, no esperaba que llegaran tan pronto ni por ese lugar.
Habiendo tomado conocimiento de la presencia de San Martín en el sur y de las continuadas comunicaciones que los patriotas mantenían con él, el virrey Joaquín de la Pezuela tomó la decisión de intentar una negociación diplomática.
Conferencia de Miraflores
Así que, el 24 de septiembre del mismo año, se realizó la conferencia de Miraflores, donde acudieron los representantes de ambas fuerzas: a Dionisio Capaz e Hipólito Unanue por parte del virrey, y Tomás Guido y Juan García del Río por el lado de San Martín. La propuesta de la Pezuela fue aceptar la Constitución de Cádiz a cambio de la retirada de todo el ejército libertador, mientras que la intención de San Martín era la implementación de una monarquía constitucional, es decir, que un rey gobernara en base a una constitución y un congreso. Como podía esperarse, esta negociación fracasó, y ambas fuerzas continuaron sus estrategias bélicas.
El historiador don Gustavo Pons Muzzo ha señalado que, tres fueron los asuntos que San Martín trató de lograr en estas conversaciones, así como en las de Punchauca, con los realistas:
1. Lograr por medios pacíficos el reconocimiento de la independencia dándose término a la guerra.
2. Implantar en el Perú Independiente una monarquía constitucional con un príncipe de la casa reinante de España, controlado por un congreso.
3. Como consecuencia de lo anterior, mantener la vinculación con la nación española y su gobierno (los Lazos de la Hispanidad)



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